BREVE BALANCE HISTÓRICO DE LA ATENCIÓN A LA SALUD MENTAL EN LAS ISLAS PITIUSAS

 

(PARTE I)

El objetivo de esta breve reseña histórica sobre la atención a la salud mental en Ibiza y Formentera es poner de manifiesto que cientos y tal vez miles de familias y enfermos sufren a diario, no sólo las consecuencias de la propia patología psíquica y relacional, sino también décadas de falta de comprensión por parte de los demás y la falta continuada de políticas adecuadas y de inversiones en recursos especializados sanitarios y sociales que les ayuden a superar o llevar mejor su enfermedad.

Haciendo un balance muy sintético por décadas, nos encontramos con una situación que desde el punto de vista de familiares y enfermos resulta descorazonadora, principalmente por el tiempo perdido y las oportunidades de mejorar desperdiciadas. Esto para las familias y los enfermos significa más cronicidad; por supuesto, también lo es para nuestro sistema sanitario y sociosanitario y, en última instancia, representa más carga para las familias y más gasto para la sociedad en general. Para muchos enfermos mentales estas dos últimas décadas han supuesto y está aún suponiendo la irreversibilidad, la exclusión social, la imposibilidad de trabajar y la incapacitación de por vida. Para las familias, sobre todo, ha representado una pérdida de sus proyectos de vida, de su esperanza y de la salud física y mental de todos sus miembros.

Si el punto de partida de la Reforma Psiquiátrica y de la Atención en Salud Mental lo situamos en la aprobación de la Ley General de Sanidad (Ley 14/1986 de 25 de abril), las Islas Pitiusas llevan aproximadamente veinte años de retraso en materia de salud mental con respecto a otras áreas sanitarias españolas y diez años con respecto a Mallorca y Menorca.

Por supuesto, también ha habido hechos positivos durante las últimas tres décadas en cuanto a la atención en salud mental y APFEM desea su reconocimiento. Principalmente nos referimos a los profesionales de la salud mental que, desbordados de trabajo y con pocos recursos a su alcance, generalmente han respondido a situaciones muy complejas y difíciles de solucionar. No obstante, y desgraciadamente es necesario y duro decirlo, para el colectivo que representa la asociación, todos estos esfuerzos han sido inútiles, puesto que la cronicidad y todo lo que ello supone ha ido avanzando inexorablemente en la gran mayoría de nuestros enfermos.

Los casi veinte años de gobierno autonómico e insular del Partido Popular nos han deparado “una década de cal y otra de arena”. En la década de los 80 sólo hubo dos recursos de salud mental: el antiguo Hospital Insular de la Avenida de España y el Patronato de Salud Mental y Bienestar Social. El primero ofrecía atención ambulatoria e internamiento psiquiátrico para adultos y el segundo consistía en una mancomunidad de servicios que cubría la atención infantil y juvenil en salud mental, los servicios sociales y la atención en drogodependencias. Ambos constituyeron ejemplos de cómo, aún con pocos recursos, se podía dar una atención de calidad y de vanguardia según el modelo de atención comunitario, emergente en toda España por aquella época. Siguiendo el principio de la psiquiatría comunitaria de “realizar el tratamiento en su propia comunidad” (cerca de su familia, pueblo, entorno social, etc.), los responsables del Hospital Insular consiguieron traer a Ibiza a todos los enfermos mentales que estaban en Palma u otros lugares de la Península (reinserción en su comunidad). Algunos de los enfermos más mayores de la asociación, cuentan sobre la atención proporcionada en el Hospital Insular que, cuando veían que se acercaba una crisis, ellos mismos hacían su maleta e ingresaban voluntariamente. Se sentían escuchados, comprendidos y contenidos adecuadamente en su crisis. Del Servicio de Salud Mental Infanto-juvenil del Patronato basta con decir que fue pionero en este campo en España y que fue visitado desde otras comunidades autónomas y puesto como modelo a imitar.

La asunción de la asistencia psiquiátrica de adultos por parte del IN SALUD (PSOE) durante esta década (finales de los 80 y principios de los 90) supuso una importante regresión, cuyas consecuencias aún arrastramos. Se comenzó por desmantelar el Hospital Psiquiátrico Insular por amenaza de ruina del edificio y los enfermos más crónicos se mandaron al Hospital Psiquiátrico de Palma. Al mismo tiempo se creó la Unidad de Hospitalización Breve en el Hospital de Can Misses para atender a los enfermos en crisis con necesidad de internamiento breve. Por tanto, nos quedamos en Ibiza sin recurso de internamiento para pacientes de media y larga estancia. No obstante, poco después se construyó el Hospital Residencia Asistida de Cas Serres, aunque no con ese propósito. En este dispositivo se reservó un número de plazas para poder volver a traer del Psiquiátrico de Palma a algunos antiguos enfermos mentales crónicos ibicencos del Hospital Insular. Sin embargo, el Hospital Residencia Asistida de Cas Serres no estaba diseñado ni está preparado para la atención de este tipo de pacientes según el modelo comunitario; además de que comparten el dispositivo con ancianos, enfermos terminales y discapacitados profundos. Aunque lo más grave ocurrió después y todavía sigue ocurriendo. Cuando empezó a funcionar la Unidad de Hospitalización Breve del Hospital Can Misses, por no asumir el modelo de asistencia comunitaria, a determinados pacientes que necesitaban de un periodo de hospitalización prolongado se les derivaba al Hospital Psiquiátrico de Palma, o bien a sus familias no les quedaba otra opción que el internamiento en una residencia o comunidad terapéutica privada de la Península. En esta situación se encuentran algunos enfermos actualmente, tres de ellos asociados a APFEM.

La Reforma de la asistencia psiquiátrica propone al dispositivo denominado Unidad de Salud Mental (USM) como el eje central de la asistencia ambulatoria y coordinador de la red de salud mental. Sin embargo, en Ibiza y Formentera la USM de Es Viver permanece prácticamente sin dotación de personal hasta hace dos años. La atención ambulatoria se realizaba en el Hospital de Can Misses e interfería de diversas formas con la atención a los pacientes ingresados en la Unidad de Hospitalización Breve. De este modo se favorecía el hospitalocentrismo y todos los principios de la Reforma Psiquiátrica y del modelo de atención comunitaria saltaban por los aires. Los profesionales de estas dos unidades estaban habitualmente desbordados y la atención psicoterapéutica se reduce casi exclusivamente al uso de fármacos (“bioterapéutica”), se margina lo psíquico y se excluye del campo terapéutico al sujeto que sufre.

Por otro lado, las autoridades políticas pitiusas no promovieron una red de recursos sociales y rehabilitadores, siendo ésta un complemento indispensable para mantener al paciente bien atendido en su domicilio y en su comunidad. Todos estos hechos han contribuido a que las Islas Pitiusas hayan estado durante estas dos décadas a la cabeza en las estadísticas en número de ingresos y recaídas. Es más, probablemente si se hubiesen desarrollado a tiempo los llamados recursos intermedios (hospital de día, centro de rehabilitación psicosocial de día, talleres ocupacionales, centro de rehabilitación laboral, empleo protegido y pisos tutelados), tal vez no habría hecho falta la ampliación de camas de la Unidad de Hospitalización Breve de Can Misses.

La década de los 80 fue buena para la atención en salud mental infantil y juvenil. El Patronato de Salud Mental y Bienestar Social supo crear una red de pequeños centros o gabinetes de salud mental infanto-juvenil en cada uno de los municipios de Ibiza y Formentera. Estos centros estaban atendidos por psicólogos y trabajadores sociales, coordinados y supervisados clínicamente por un psiquiatra. Además de realizar la asistencia ambulatoria se realizaba un amplio programa de formación con los propios profesionales.

Al iniciarse la década de los 90 el Servicio de Salud Mental Infanto-juvenil prácticamente queda desmantelado por diversas razones que no podemos exponer aquí. Hasta hace pocos meses, (recientemente se ha contratado una psicóloga más), la atención a niños y adolescentes de las dos islas la realizan dos o tres profesionales, absolutamente desbordados y, además, alguno de ellos no estando acreditado para este tipo de trabajo especializado con niños y adolescentes. La fundamental importancia del trabajo de prevención en esta franja de edad queda reducida casi a la nada. En general, se da prioridad a la  atención de los casos más graves y, a pesar de los esfuerzos de los profesionales, obteniendo una baja calidad de la atención, entre otras razones, por falta de tiempo y de recursos. Y al priorizar los casos más graves, a menudo quedan desatendidos los casos menos graves, con lo cual la función preventiva de este dispositivo queda desvirtuada.

Sobre esto último tengamos en cuenta que a raíz del inicio de la política educativa de integración escolar, con la inclusión masiva del alumnado de necesidades educativas especiales (tanto transitorias como permanentes), queda patente que con un determinado tipo de ellos, en concreto el alumnado con trastorno generalizado del desarrollo (espectro autista y otras psicosis infantiles), los recursos generales aplicados en el propio medio escolar no pueden dar respuesta a todas las necesidades que plantean este tipo de alumnos. Por otra parte, los propios profesionales del Servicio de Salud Mental Infanto-juvenil del Patronato reconocen y comparten la insatisfacción de no poder ofrecer una atención de calidad, con el contexto psicoterapéutico, la intensidad y frecuencia adecuada que estos casos precisan. Esta atención nunca se ha podido recibir en Ibiza y Formentera, y requeriría la puesta en marcha de un programa psicoterapéutico y educativo que pueda dar respuesta a las muchas necesidades de estos niños y adolescentes a través de intervenciones psicoterapéuticas, educativas y sociales, posibilitando como objetivo último, la máxima integración en el sistema educativo, social y familiar.

(PARTE II )

 

El objetivo de esta breve reseña histórica sobre la atención a la salud mental en Ibiza y Formentera es mostrar que cientos y tal vez miles de familias y enfermos de todas las edades sufren diariamente las consecuencias de su enfermedad. Este sufrimiento proviene no sólo de la propia patología psíquica y relacional que padecen, sino también por las décadas de falta de comprensión por parte de los demás y la ausencia continuada de políticas adecuadas y de inversiones en recursos especializados sanitarios y sociales que les ayuden a superar o llevar mejor su enfermedad.

 

En la parte I de esta serie de artículos que publicamos íntegramente en la revista de APFEM (Aldaba), hicimos un recorrido por la década de los ochenta del siglo anterior. En este primer recorrido histórico realizamos un sucinto análisis y valoración de los recursos, dispositivos y las políticas de salud mental llevadas a cabo en Ibiza y Formentera. En el artículo que presentamos en este segundo número de la revista nos proponemos realizar este recorrido histórico comenzando allá donde acabamos el anterior, es decir, en el inicio de la década que va desde el año 1990 al 2000.

 

La década de los 90 es desastrosa.  Si la comparamos con la anterior, resulta ser peor y prácticamente nula en cuanto a inversiones en recursos humanos y nuevos dispositivos. Y por lo que respecta a la calidad de la atención, esta década es claramente regresiva: el modelo comunitario de atención en salud mental no cuaja, ni se permite que se instale definitivamente; el único dispositivo donde había funcionado durante unos años fue el Patronato de Salud Mental y en el año 1991 (ver parte I), la atención infanto-juvenil quedó prácticamente desmantelada. De esta década deseamos destacar principalmente dos aspectos: el primero de ellos es el nacimiento de la primera y única asociación de ámbito pitiuso que agrupa en torno a sí a las familias con enfermos psíquicos; por otro lado, durante los dos últimos años de la década comienza a desarrollarse a nivel autonómico una importante y necesaria labor de planificación en salud mental.

 

El 23 de marzo de 1995 se constituyó legalmente con una veintena de socios fundadores la Asociación Pitiusa de Familiares de Enfermos Mentales (APFEM). Actualmente ya somos casi ochenta familias asociadas y tenemos diferentes servicios o programas funcionando: programa de atención a las familias, servicio de atención a domicilio, club socio terapéutico de ocio y tiempo libre, grupos de ayuda multifamiliar (adultos e infantiles), además de diversos talleres en marcha y otros proyectos a la espera de financiación. Entre los fines más importantes de APFEM se encuentran la defensa de los derechos de los enfermos mentales de todas las edades y sus familiares, la reivindicación ante las instituciones de sus necesidades como amplio colectivo usuario de los servicios sociales y de salud mental, y el fomento o la participación en cualquier iniciativa pública o privada que suponga ayuda o mejora de las condiciones de vida para los enfermos y sus familias.

 

En cuanto a nuevas infraestructuras de salud mental esta década resulta desastrosa. Sólo podemos mencionar la ampliación y reforma de la Unidad de Hospitalización Breve del Hospital de Can Misses. No se invierte ni un céntimo en ninguno de los esenciales recursos intermedios de la red comunitaria de salud mental (hospital de día y centro de rehabilitación psicosocial). Por otro lado, el Centro de Salud Mental de Es Viver está prácticamente toda la década infradotado de personal. Por lo tanto, gran parte de la atención ambulatoria de salud mental se realiza en la Unidad de Hospitalización Breve (hospitalocentrismo), cuyo personal tiene que dividir su horario laboral entre ambos dispositivos. Como resultado de esta situación, los pacientes con trastornos mentales severos son atendidos exclusivamente para el control periódico de la medicación y durante el momento agudo de la crisis. La psicoterapia en sus diferentes modalidades es prácticamente inexistente, no hay atención para el delicado período subagudo (excepto farmacológica), no hay ningún tipo de trabajo rehabilitador (psíquico, social o laboral). Las consecuencias que para los enfermos y sus familias tiene esta situación son catastróficas y se resumen en una palabra de amplios y siniestros significados: cronicidad.

 

El final de la década y principios de la siguiente, período de tiempo que va desde el año 1998 al año 2002, ha supuesto para la salud mental un serio impulso en materia de planificación (Plan Autonómico de Salud Mental y Planes Sociosanitarios autonómico y pitiuso). Este impulso planificador desgraciadamente tarda mucho en verse plasmado en hechos, principalmente por falta de voluntad política, es decir, por ausencia de inversiones suficientes en el área social y de salud mental concordantes con lo planificado.

 

            No obstante hay que valorar positivamente el esfuerzo planificador, tanto insular como autonómico, realizado en los últimos años. Al menos ya podemos decir que en Baleares tenemos acordado un modelo de atención en salud mental: el modelo de asistencia comunitaria. Desde el año 1998 tenemos un Plan Autonómico de Salud Mental (PASM), deficitario en algunos aspectos, pero susceptible de ser revisado en cualquier momento, ya que debería tratarse de un documento vivo. Por citar un aspecto para revisar, entre otros, que nos toca muy de cerca, sería la casi nula participación de las asociaciones en el momento de discutirlo y redactarlo.

 

Otro hecho relevante de estos últimos años fue la constitución el 25 de septiembre de 2000 del Foro de Salud Mental, creado a iniciativa de la Consellería de Sanidad del Gobierno Balear para impulsar el Plan Autonómico de Salud Mental. Este es un espacio de encuentro periódico a nivel autonómico para debatir y consultar asuntos sociales y sanitarios donde están presentes todas las instituciones implicadas, colegios profesionales y las asociaciones. El principal defecto que encontramos a este importante recurso es la dificultad que existe por parte de las instituciones para permitir una verdadera participación ciudadana en cualquier trabajo de planificación social y sanitaria. Hay momentos en los que este espacio se ha convertido en un monólogo institucional, donde la comunicación es unidireccional de los políticos y sus técnicos al resto de participantes, y no se tiene la sensación ni de escucha ni de participación auténtica.

 

            Un ejemplo de las dificultades con las que día a día se encuentra la asociación para poder participar activamente (en la definición de sus necesidades como usuarios de los servicios de la red de salud mental y sus posibles vías de solución) es el de la Comisión de Seguimiento del Plan de Salud Mental en Ibiza y Formentera. Esta Comisión está formada por representantes del Consell  Insular, representantes del Ib-salut  y, recientemente y después de mucha lucha e insistencia, también están presentes representantes de APFEM. Después de varias reuniones realizadas durante todo el año 2002 se ha obtenido buenas palabras y promesas, pero muy pocos hechos que cambien la cruda realidad asistencial de Ibiza y Formentera.

           

El Foro de Salud Mental está constituido por un Comité Institucional y asesorado por un Comité Técnico. Este último, desde la constitución del Foro, ha desarrollado diferentes subcomisiones de trabajo para elaborar diversos informes y documentos técnicos sobre la asistencia en salud mental en Baleares: Definición del modelo de rehabilitación psicosocial para enfermos mentales crónicos; Guía de Recursos de Salud Mental de las Islas Baleares; las Recomendaciones para la asistencia en salud mental; y el Protocolo de actuaciones para la asistencia sanitaria involuntaria de enfermos mentales. Documentos todos ellos muy interesantes, pero que lo que verdaderamente hace falta es que los políticos y profesionales de la salud mental los asuman y conviertan en realidad. De lo contrario, todo queda en buenas palabras e intenciones, pero muy poco se traduce en la realidad diaria de la asistencia a los usuarios.

 

Un ejemplo de lo expuesto en el párrafo anterior es el Protocolo de asistencia involuntaria a enfermo mentales (revisión de abril de 2001), que regula este tipo de urgencias psiquiátricas. Este Protocolo ha sido asumido por las instituciones responsables en Palma de Mallorca y en Menorca, pero todavía no ha sido asumido ni puesto en práctica por las instituciones pitiusas implicadas. Tenemos también algunos testimonios (diciembre 2002 y enero 2003) de familiares y enfermos en nuestra asociación que corroboran lo que aquí afirmamos. Desde APFEM, una vez más,  reivindicamos el cumplimiento de dicho protocolo y no solamente promesas. Ya veremos lo que los hechos nos mostrarán sobre las promesas de cumplimiento realizadas por las instituciones.

 

(PARTE III)

 

 

            Con este artículo que presentamos en la tercera entrega de la revista Albada cerramos el ciclo de escritos mediante el cual hemos tratado de realizar un recorrido histórico por los principales acontecimientos relacionados con la atención a la salud y enfermedad mental en Ibiza y Formentera de los últimos veinticinco años. No hemos pretendido ser ni objetivos ni exhaustivos con respecto de los hechos que relatamos, sino más bien hacer un balance crítico de los mismos. Valoración en la que hemos pretendido recoger las ideas y sentimientos generales sobre la vivencia de la enfermedad mental en las familias asociadas y su atención en los pocos servicios que hasta hace poco teníamos a nuestra disposición en las Islas Pitiusas.  Este balance es el resultado de  innumerables reuniones, asambleas, entrevistas y momentos variados de trabajo en el seno de la asociación compartidos con los enfermos y sus familiares.

 

            La primera década del siglo XXI desearíamos que fuera (mejor dicho, debería ser) la de la reparación de esta deplorable situación que arrastramos en materia de atención en salud mental (remitimos al lector a los dos artículos anteriores publicados en esta misma revista).  Los datos de que disponemos en la actualidad  y los últimos acontecimientos nos permiten ser menos escépticos al respecto.

 

En cuanto a la planificación, ya vimos en el artículo anterior que en esta nueva década algo se está moviendo en nuestra comunidad. Durante los años 2000 y 2001 se redactaron los Planes Sociosanitarios de las Islas Pitiusas y de la Comunidad Autónoma Balear respectivamente. En la elaboración de ambos documentos se contó con la participación y colaboración de las asociaciones. En cuanto al Plan Sociosanitario de Ibiza y Formentera podemos decir que estuvo bien en su momento pero que faltó iniciativa y voluntad política para desarrollarlo algo más durante la anterior legislatura política, sólo se inauguró en el último momento la Unidad de Rehabilitación Comunitaria (centro de día) y en condiciones bastante precarias. Este plan ya se ha quedado obsoleto puesto que las necesidades actuales también han variado.

 

Sobre el Plan Sociosanitario de las Islas Baleares tan solo podemos comentar aquí que trata de aplicar el modelo de asistencia gerontológico a la salud mental sin tener en cuenta las especificidades de ésta: equiparando la cronicidad física con la cronicidad mental, olvidando la importancia de la rehabilitación psíquica (psicoterapia), no incluyendo el fundamental campo de la rehabilitación laboral y con graves errores de concepto en la atención de larga duración.

 

Por otro lado, en el año 2002 se aprobó el Decreto 99/2002 de ordenación de la atención en salud mental de nuestra comunidad autónoma. Documento de suma importancia porque sienta las bases de la organización y composición de la red asistencial de salud mental en cada isla del archipiélago balear. También tiene algún fallo importante, como la no mención de la psicoterapia entre sus diversas formas de intervención y como herramienta básica de trabajo en muchos dispositivos y programas. Tanto este decreto como el Plan Autonómico de Salud Mental (PASM) necesitan una revisión y actualización urgentes. En el nuevo Comité Técnico de la Comisión Institucional del PASM sería importante que las asociaciones de afectados y familiares tuviesen representación insular a través de uno de sus profesionales y poder así defender mejor sus intereses[1]. En cuanto al Foro de Salud Mental, sólo decir que desde abril de 2002 no ha sido convocado. Esperamos que esto no sea una vez más otro organismo que se crea con vocación de desaparecer antes de que haya podido mostrar su utilidad.

 

Si tenemos que hablar de dispositivos de la red de salud mental es necesario mencionar dos fundamentales: el hospital de día y el centro de rehabilitación psicosocial (centro de día). En este punto es de justicia reconocer el importante papel que jugó APFEM mediante diferentes acciones reivindicativas para diferenciar ambos dispositivos, ya que el Comité Técnico para el desarrollo del Plan Balear de Salud Mental pretendía realizar “dos por el precio de uno”. Dicha decisión que, de haberse llevado a cabo, habría ido en detrimento de la calidad de la atención al enfermo ya que mezclaba y confundía funciones diferenciadas y diferentes con la previsible y nefasta consecuencia de que una ocupase el lugar de la otra. Para obtener mayor información se puede consultar en las hemerotecas de la prensa pitiusa el artículo publicado por APFEM el día 11 de octubre del año 2000.

 

 Durante el año 2001 la última actuación del IN SALUD antes del traspaso de competencias sanitarias a la Comunidad Balear fue la puesta en funcionamiento del ansiado y necesario Hospital de Día. Este nuevo recurso provisionalmente está ubicado en el Centro de Salud Es Viver y tiene una capacidad de quince plazas. Creemos que cuando se proceda a su ubicación definitiva, muy cercana al Hospital de Can Misses (así también se podrán beneficiar del recurso algunos pacientes ingresados en la Unidad de Hospitalización Breve), como mínimo se tendrá que ampliar a treinta plazas.

 

La Unidad de Rehabilitación Comunitaria, también llamado Centro de Día para la Rehabilitación Psicosocial, tiene capacidad para atender veinticinco pacientes. Este dispositivo se inauguró precipitadamente en la anterior legislatura (mayo de 2003) y de forma precaria. Poco a poco comienza a ser cada vez más operativo. A pesar de que valoramos positivamente la apertura de este nuevo dispositivo de rehabilitación, no perdemos de vista que el ya obsoleto Plan Sociosanitario de las Pitiusas señala la necesidad de 192 plazas en centros de día para el área de salud de Ibiza y Formentera, de las cuales un tanto por ciento bastante elevado son para enfermos mentales. Por lo tanto, pensamos que serían necesarios otros dos centros de día con similar número de plazas y en otros municipios de las islas.

 

No obstante, conviene señalar aquí una vez más las diferentes funciones que tienen el hospital de día y el centro de rehabilitación psicosocial de día, pues desde APFEM tenemos la impresión de que el hospital de día se desplaza en sus funciones hacia las del centro de rehabilitación psicosocial, dejando un hueco asistencial importante entre la hospitalización (antes y después) y la rehabilitación, teniendo éste  que ser asumido una vez más por las familias. Repetimos una vez más que la función primordial del hospital de día es la contención farmacológica y psicoterapéutica individual, grupal y familiar para ayudar a la persona en crisis a salir de ella. Y haciéndolo, en la medida de lo posible, sin que ello suponga para el paciente un incremento, aparición o cronificación de su patología psíquica. La terapia ocupacional y la rehabilitación psico-social presentes en este dispositivo deberían ocupar un lugar secundario frente a las necesidades de contención y estabilización antes indicadas.

 

Desde APFEM vemos con gran preocupación cómo las personas de nuestro colectivo que entraron en crisis, no son atendidas con la prontitud y diligencia que tal situación requiere desde los servicios públicos de Salud Mental. Demasiado frecuentemente, en lugar de hacer una contención relacional y no solo farmacológica que pueda evitar el desarrollo y aparición de la crisis, se deja que la situación personal y familiar del afectado se deteriore y haga entonces inexcusable la hospitalización. Hospitalización que en muchos casos y debido a esta falta de contención y atención se convierte en una hospitalización involuntaria con el coste añadido de sufrimiento inútil y traumático para la persona enferma y su familia.

 

En el eje terapéutico y rehabilitador de las personas afectadas de trastornos mentales severos, la vinculación con los profesionales y dispositivos asistenciales es muy precaria y con falta de continuidad asistencial. Por la experiencia desarrollada por APFEM y en otras comunidades, el servicio de atención domiciliaria es fundamental para promover y desarrollar dicha vinculación tanto de la persona afectada como de su familia.

 

La atención en crisis, si es necesario en el mismo domicilio del paciente, es también de suma importancia para evitar en gran número las hospitalizaciones y el efecto traumático de muchas de éstas que, sin este servicio que proporciona APFEM, estarían siendo involuntarias. No obstante, desde febrero de 2003 no hemos recibido ningún testimonio de denuncia, lo cual nos hace suponer que el protocolo para las hospitalizaciones involuntarias se está cumpliendo desde el sistema sanitario pitiuso.

 

Fruto del trabajo de APFEM con representantes políticos tanto en el poder como  en la oposición, a finales de la anterior legislatura y al comienzo de esta, se ha conseguido la puesta en marcha de la Fundación Tutelar Aldaba, recurso que ya funcionaba satisfactoriamente en Mallorca y Menorca. La tutela de un familiar enfermo asumida por otro miembro de la propia familia, en muchos casos, añade un plus de conflictividad a la relación ya por sí misma conflictiva del enfermo (tutelado) con el familiar (tutor). Dicho recurso puede contribuir a facilitar las relaciones familiares con las personas enfermas e incapacitadas civilmente al ser otro organismo el que asume la tutela del enfermo psíquico. Este recurso también da respuesta a una gran preocupación de los padres por el futuro y la tutela de sus hijos afectados una vez que ellos falten. La tutela en las Islas Pitiusas hasta ahora era una “patata caliente” que pasaba de mano en mano entre las instituciones sin que dicho servicio funcionase adecuadamente.

 

También en los últimos plenos del Consell Insular de Ibiza y Formentera y a través de todos los partidos políticos pitiusos se consiguió por consenso y unanimidad la futura puesta en funcionamiento de los pisos tutelados con una capacidad mínima para seis personas. Estas viviendas en régimen de comunidad terapéutica están destinadas a  personas enfermas estabilizadas, en proceso de rehabilitación psico-social y de reinserción socio-laboral. Estarán dotadas con equipos de profesionales de la salud mental cuyas funciones consistirán básicamente en supervisar, cuidar y apoyar la convivencia entre los propios enfermos, y entre ellos y la comunidad. Por las últimas noticias que tenemos en APFEM, parece ser que podremos contar con este dispositivo con una capacidad para ocho plazas antes de acabar el presente año.

 

En cuanto a la residencia asistida de corta y media estancia, reivindicación también histórica de APFEM, aprobada también en un pleno del Consell Insular de la anterior legislatura, será construida durante la actual legislatura (2003-07) y ubicada en San Jorge. Compartirá algunos espacios (lavandería, cocina, etc.) con otra residencia para disminuidos psíquicos profundos, la cual también ha sido históricamente reivindicada por familiares de este colectivo. Ambas residencias contarán con veinte plazas en régimen de internado, dos plazas de respiro familiar y veinte plazas más cada una en régimen de día para personas en proceso de rehabilitación psicosocial.

 

La residencia psicogeriátrica asistida de Cas Serres podría seguir ocupándose del colectivo de personas enfermas mentales crónicas con pocas posibilidades de evolución, en régimen de larga estancia o estancia indefinida. De hecho ya lo está haciendo desde hace años, pero sería conveniente para este colectivo (actualmente catorce personas) adecuar los espacios y el equipo de profesionales que los atenderían. Asimismo, sería preciso aumentar el número de plazas para este dispositivo a veinte en régimen de internado más dos plazas de respiro familiar. También sería necesario para este colectivo de afectados desarrollar programas de rehabilitación psicosocial adecuados a su grado de cronificación y posibilidades de evolución.

 

En el mismo pleno del Consell Insular al que hemos hecho referencia en el párrafo anterior, también se aprobó por unanimidad el adoptar la fórmula de ayuda económica mediante convenio de colaboración (no subvención) para asociaciones como APFEM, que presta servicios asistenciales. El convenio permite dar mayor cobertura y asegurar la continuidad de dichos servicios al poder planificar a varios años vista. Esta modalidad de convenio, asumida en el año 2003 por el Consell Insular, fue mejorada y ampliada en el año 2004 por el actual equipo de gobierno, y de la misma manera también está siendo asumida por los ayuntamientos pitiusos. APFEM tiene actualmente convenios de colaboración con los ayuntamientos de Ibiza, Santa Eulalia y San Antonio, todos los cuales están en vías de ampliación y mejora y, posiblemente, también se establezca un convenio de colaboración con el ayuntamiento de San José. Con el ayuntamiento de San Juan el convenio es de colaboración y también hay subvención a proyectos, mientras que con el ayuntamiento de Formentera sólo existe un convenio de colaboración sin aportación económica. Tenemos también otros convenios con entidades financieras como Sa Nostra y, últimamente, con la CAM. Todo esto nos permite continuar con una gran variedad de servicios, aumentarlos y mejorar la calidad asistencial, teniendo siempre como principal objetivo el tratamiento y rehabilitación de lo psíquico, aspecto fundamental en la persona que sufre enfermedad mental.

 

En todo lo referente a la rehabilitación, integración y reinserción sociolaboral de las personas afectadas de enfermedad mental, en APFEM estamos trabajando actualmente en dos sentidos: 1º) La creación de plazas de trabajo especiales en las instituciones públicas, hasta un total de diez plazas repartidas entre el Consell Insular (cinco plazas) y ayuntamientos (cinco plazas). 2º) La creación de una fundación para la inserción sociolaboral del discapacitado en la que participarán las instituciones públicas (Consell Insular y ayuntamientos), asociaciones y confederaciones empresariales (PIMEEF y CAEB), y las propias asociaciones de discapacitados (ASPANADIF, AMIF, APFEM, etc.).

 

La posibilidad de contar con una red de salud mental de adultos adecuada a las necesidades de este colectivo nos parece cercana y posible en esta misma legislatura. Queda un gran esfuerzo por hacer en cuanto al desarrollo del número de recursos de profesionales de la salud mental. El objetivo es acercarnos a las recomendaciones realizadas en marzo de 2003 por el Comité Técnico del Plan autonómico de Salud Mental (ver el informe de la Asociación Balear de Profesionales de la Salud Mental –ABSM-), publicado en la revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (ver revista de la A.E.N., nº- 87, junio-septiembre de 2003).

 

Donde tiene que hacerse, a nuestro juicio, un gran esfuerzo planificador y de creación de recursos, tanto en dispositivos asistenciales como en profesionales, es en el área de la salud mental infantil y juvenil. Salvo el centro de salud mental infante-juvenil (dependiente todavía del Patronato para la Protección de la Salud Mental y Bienestar Social de Ibiza y Formentera), en el que trabajan un psiquiatra y un psicólogo atendiendo ambulatoriamente a este colectivo lo mejor que pueden, no hay en Ibiza y Formentera otro recurso asistencial. Parece mentira que siendo por todos admitido que las raíces de la salud mental del adulto se constituyen en su infancia, sea ésta la franja de edad más desatendida y desprotegida en nuestra comunidad.

 

Las competencias en salud mental infante-juvenil, así como también las de rehabilitación psicosocial, tendrían que pasar cuanto antes al Ib-salut, que es donde tienen que estar para no marginar a las personas con enfermedad mental (en este caso niños) del resto de los ciudadanos que son atendidos en su vertiente terapéutica y rehabilitadora dentro del sistema sanitario. Aumentar los recursos profesionales con formación específica en este campo; y crear una red de salud mental infante-juvenil (inexistente hasta ahora) con hospital de día, centro de día y hospitalizaciones en pediatría hasta los dieciocho años (lo cual no ocurre ahora); desarrollar programas terapéutico-educativos, estrechando la colaboración entre salud mental y educación; incrementar la coordinación con los otros ámbitos institucionales implicados, como los Servicios Sociales y el Servicio de Menores, etc. . En este sentido cabe destacar la próxima firma de un convenio de colaboración entre APFEM y la Conselleria de Educación del Gobierno Balear para atender a alumnos con problemas de autismo y psicosis infantiles, así como también realizar un asesoramiento especializado a los equipos psicopedagógicos general (EOEP) y de atención temprana (EAP) y al profesorado en general que tiene que atender a estos alumnos con necesidades educativas especiales.

 

Otro hito importante en la reciente historia de la salud mental Pitiusa (año 2003) es la constitución dentro de APFEM del grupo de familias con niños y adolescentes con problemas de psicosis infantiles (autismo y otros trastornos generalizados del desarrollo). En este punto es importante reconocer la labor desplegada por el Equipo de Orientación Educativa y Psicopedagógica (EOEP) de la Consellería de Educación para poner en contacto a todas las familias interesadas e impulsar su constitución como grupo dentro de APFEM, asesorarlas y acompañarlas durante todo el proceso.

 

En el ámbito de la geriatría y psicogeriatría, desde APFEM reivindicamos para nuestros ancianos la creación de nuevas plazas residenciales en los distintos municipios de las islas, el incremento y potenciación de la atención domiciliaria y la creación de centros de día y unidades de memoria para personas afectadas de la enfermedad de Altzheimer en las propias residencias que están por construir todavía. Éstos serían algunos de los objetivos que, de cumplirse en un plazo razonable de tiempo, contribuirían a aliviar considerablemente algunos de los problemas que padecen nuestros mayores y sus familias. Pensamos que en psicogeriatría tendría que crearse un servicio ambulatorio especializado, el equivalente a una unidad de salud mental para ancianos, el cual completaría y desarrollaría el modelo de salud mental comunitario para este colectivo. El Ib-salut (Gobierno Balear) y el Consell Insular tienen que definir y desarrollar competencias y servicios en este campo antes de que acabe la actual legislatura en el año 2007.

 

La creación de recursos asistenciales en salud mental para la isla de Formentera, tal y como parece que por fin va a hacerse en esta legislatura, respondería a otra reivindicación histórica de la asociación largamente esperada.

 

El Plan de Asociacionismo y Voluntariado constituye otro hito importante en la historia reciente de la atención a la salud mental Pitiusa.  Este plan impulsado por el Pacto de Progreso en el Ayuntamiento de Ibiza a partir del año 2000 ha resultado ser una iniciativa muy valiosa para las asociaciones del ámbito sociosanitario por cuanto les  proporciona un gran apoyo a través de diferentes programas de asesoramiento y formación, organización de eventos (Muestra de Entidades Voluntarias) y disponibilidad de infraestructuras (local y sede de la Plataforma Socio sanitaria de las Pitiusas), así como también por haber impulsado la constitución de dicha Plataforma.

 

La creación de la Plataforma Socio sanitaria fue impulsada por el Ayuntamiento de Ibiza y la Conselleria de Bienestar Social del Gobierno Balear, contando posteriormente también con el apoyo del Consell Insular de Ibiza y Formentera. Sus principales objetivos son, entre otros, proporcionar a las asociaciones de ámbito social y sociosanitario recursos personales, materiales e infraestructuras (despachos y salas polivalentes), canalizar la información sobre ayudas y subvenciones, y proporcionar un espacio común de encuentro para que las asociaciones aúnen intereses y esfuerzos en la organización de algunas reivindicaciones y actividades que puedan beneficiar a varias de ellas. Todavía falta dotar de operatividad ha dicho organismo, con los recursos económicos suficientes para que le permitan la contratación estable y perdurable del equipo profesional necesario para conseguir cumplir con sus fines estatutarios.

 

La reciente designación de los coordinadores de área de salud mental en Baleares y el nombramiento de la Dra. María José Maicas para el área de Ibiza y Formentera, es un paso necesario para la adecuada coordinación de los recursos existentes y de los que se vayan creando en nuestra comunidad.

 

No podemos terminar este balance histórico sin dar la bienvenida desde estas páginas a la recientemente creada asociación hermana, DEFORSAM, Asociación de Familiares que defienden la Salud Mental de Eivissa i Formentera. En APFEM esperamos poder trabajar codo con codo con esta nueva asociación por la defensa de los intereses de nuestros afectados, así como en la consecución de un nivel de salud mental cada vez mayor y mejor en nuestra comunidad.

 

Y por último, desde APFEM queremos terminar este balance sobre la historia y el estado de la atención a la salud mental en Ibiza y Formentera, con unas palabras de reconocimiento y agradecimiento para las personas interesadas (personas afectadas, familiares, asociados, profesionales, políticos, instituciones, asociaciones y ciudadanos) que están haciendo posible que lo que hace dos años nos parecía un sueño, se vaya convirtiendo en esperanzadora realidad.

 

 

Juan Larbán Vera. Médico psiquiatra y psicoterapeuta.

Carlos Meléndez Guerau A. Psicólogo.

 

 

A partir de la lectura del artículo:

 

¿Qué piensa el lector de lo expuesto en este artículo sobre la evolución de la atención pública en salud mental en las Pitiusas en los últimos años?

¿Qué es lo que tendría que cambiar?

¿Cómo ve el futuro de este colectivo y de su atención?

¿Qué piensa de las personas que padecen o sufren trastornos psíquicos o enfermedades mentales?

¿Qué piensa de sus familias?

¿Cómo ve el papel de las Asociaciones que los representan?

 

 

Comentarios, observaciones y preguntas formuladas por el lector serán recibidas en nuestro correo electrónico apfem@apfem.com

 

Enero de 2005


 

[1] En una reciente reunión con la Consellera de Salud y Consumo del Govern Balear, se nos indicó que la presencia de los profesionales de las Asociaciones en el Comité Técnico no es posible pues ello supondría la modificación del P.A.S.M. (PLAN AUTONÓMICO BALEAR DE SALUD MENTAL) que solo contempla la presencia de los técnicos de las instituciones públicas de salud mental. No obstante, la Consellería estaba estudiando la creación de un Consejo Asesor, para el desarrollo  y planificación del P.A.S.M. en el que sí tendrían cabida las asociaciones afectadas y de familiares a través de los técnicos de sus asociaciones que los representan. La creación de este espacio necesario no excluye la necesidad de continuar con las reuniones regulares que en la pasada legislatura tenía la comisión de seguimiento del P.A.S.M. en las Pitiusas.